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Comprar máquina o comprar servicio: la comparación honesta

· 5 min de lectura · Samylabs

Fabricamos máquinas. Así que lo primero: esto lo escribe alguien que gana dinero si compras una. Precisamente por eso merece la pena que la comparación sea honesta — porque una máquina vendida a quien no la necesitaba vuelve en forma de cliente descontento, y eso sale más caro que la venta.

La pregunta no es cuál de las dos opciones es mejor. Es cuántas horas al año va a trabajar esa máquina.

Las dos opciones, en una tabla

Máquina propia Servicio externo
Inversión inicial Alta Ninguna
Coste por pieza Bajo, si hay volumen Alto, pero sin compromiso
Plazo de una pieza urgente Horas Días o semanas
Confidencialidad Total: no sale nada de casa Depende del acuerdo
Iteración de diseño Inmediata y barata Cada vuelta cuesta dinero y plazo
Materiales nuevos Los cualificas tú Los que tenga el proveedor
Conocimiento Se queda en la empresa Se queda fuera
Riesgo Tuyo Del proveedor
Requiere personal y espacio Sí No

Lo que cuesta tener máquina y no está en el presupuesto de la máquina

Es la parte que más se subestima. La máquina es la partida grande, pero no es la única, y el CAPEX real de entrar en aditiva las desglosa todas. En resumen, hace falta contar con:

  • El manejo del polvo: cribado, almacenamiento y trasvase en condiciones — de ahí que exista Garbi.
  • La seguridad: aspiración certificada, equipos de protección y, según la aleación, requisitos ATEX.
  • El horno para el alivio de tensiones, que no es opcional.
  • Alguien que la maneje. Ésta es la de verdad. No hace falta un doctor, pero sí una persona formada y disponible; una máquina sin operario es una máquina parada.
  • El tiempo de aprendizaje. Las primeras semanas no producen piezas buenas, producen conocimiento.
  • El espacio, con su instalación eléctrica y su gas.

El cálculo que decide

No hay un número universal, pero sí un método, y se hace con datos que ya tienes.

Paso 1. ¿Cuántas piezas al año? Cuenta las que ya encargas fuera, más las que no encargas porque salían demasiado caras o demasiado lentas. Esas segundas son las que casi nadie suma y las que suelen decidir.

Paso 2. ¿Cuántas horas de máquina son? Aproximadamente: altura de la pieza dividida por el espesor de capa, por el tiempo de capa. O más fácil: pídele el dato a quien te las fabrica hoy.

Paso 3. Compara con el coste anual de tener la máquina. Amortización más operario más consumibles más mantenimiento, dividido entre las horas que vas a usarla. Eso te da tu coste por hora real.

Paso 4. Multiplica por las horas del paso 2 y compáralo con lo que pagas fuera.

La conclusión suele ser una de estas tres:

  • Muy por debajo del punto de equilibrio → servicio, sin dudar. Una máquina infrautilizada es la peor inversión posible: el coste por pieza se dispara porque la amortización se reparte entre muy pocas.
  • Cerca del equilibrio → decide algo que no es el dinero: confidencialidad, plazo o velocidad de iteración.
  • Muy por encima → máquina, y probablemente ya vas tarde.

Las cuatro razones para comprar que no son el coste por pieza

En la práctica, casi nadie compra su primera máquina por la cuenta de la lechera. Compra por una de éstas:

Iterar rápido. Si tu negocio es desarrollar producto, la diferencia entre probar una versión al mes y tres a la semana no se mide en euros por pieza. Es el motivo por el que los centros tecnológicos son nuestro cliente natural.

Que no salga nada de casa. Defensa, médico, o simplemente una geometría que es tu ventaja competitiva.

Cualificar tus propios materiales. Si tu valor está en una aleación concreta o en un polvo que quieres desarrollar, necesitas una máquina con la parametrización abierta. Con un servicio externo, dependes de su catálogo.

Vender tú el servicio. Si vas a fabricar para otros, la máquina no es un gasto, es el producto.

Las tres razones para no comprar todavía

No tienes quién la maneje. Es la causa número uno de máquinas paradas. Antes que la máquina, la persona.

No sabes aún qué piezas vas a hacer. Comprar para «ver qué se nos ocurre» acaba en una máquina cara haciendo piezas de demostración. Primero encarga fuera diez piezas reales, y con eso tendrás los números del cálculo de arriba y sabrás si el proceso te sirve.

Tu volumen es estacional. Tres meses a tope y nueve parada es un patrón que el servicio externo absorbe mucho mejor.

El camino intermedio

No hay que elegir de golpe. La secuencia que mejor funciona es ésta:

  1. Encarga fuera las primeras piezas reales. Sirve para validar que la tecnología resuelve tu problema, y cuesta poco.
  2. Trae una pieza a una jornada abierta y velo fabricar. Sirve para saber en qué te estás metiendo, y no cuesta nada — es para lo que están las jornadas abiertas.
  3. Si la cuenta sale, compra. Y si no sale, sigue encargando fuera: es una decisión perfectamente sensata y no tiene nada de provisional.

Y para el punto uno, AdditiveDelivery existe exactamente por esto: fabricar la pieza sin comprar la máquina, con el mismo software, los mismos parámetros y el mismo resultado que si la tuvieras.

Cuándo te decimos que no

Por cerrar donde empezamos. Si tus piezas son grandes, si son macizas y sencillas, si vas a hacer diez mil al año o si no tienes a nadie que pueda dedicarle tiempo a la máquina, nuestra recomendación va a ser que no la compres — y preferimos decirlo en la primera conversación que en la tercera.

Si lo que buscas es probar sin comprometerte, el cotizador te da el orden de magnitud de tus piezas en un minuto, y a partir de ahí ya se puede hablar de números en lugar de impresiones.

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El desglose completo de lo que cuesta entrar, en CAPEX real de la fabricación aditiva. Las doce preguntas para elegir máquina si decides comprar, en cómo elegir una impresora 3D de metal. Y cómo pedir bien una pieza si decides no comprarla, en cómo pedir una pieza impresa.

Y si parte de la duda es no querer mandar ficheros fuera, eso lo tratamos aparte en mandar tu pieza a un desconocido.

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