Cómo elegir una impresora 3D de metal: las doce preguntas que de verdad deciden
La forma de elegir mal una impresora 3D de metal es comparar fichas técnicas. La forma de elegir bien es empezar por la pieza y terminar por el coste de tenerla funcionando cinco años, y dejar la potencia del láser para el final, donde le corresponde.
Estas son las doce preguntas, en el orden en que hay que hacérselas. La mayoría no van dirigidas al comercial: van dirigidas a uno mismo.
Primero, tus piezas
1. ¿Cuál es la pieza más grande que tienes que fabricar, con sus tres cotas?
Es la única pregunta que descarta máquinas de forma inapelable. Y hay un matiz: no basta con que quepa. Una pieza que ocupa el 95 % del volumen no deja sitio para orientarla bien, y la orientación es la variable que más influye en el resultado. Como regla, la cota mayor de tu pieza más grande debería quedarse alrededor del 70 % de la dimensión disponible.
Ojo también con la forma del volumen. Un cilindro de Ø200 × 250 y un prisma de 250 × 250 × 300 no admiten las mismas piezas aunque los litros se parezcan.
2. ¿Cuántas al año?
Marca si la conversación es de productividad o de flexibilidad. Con veinte piezas al año, una máquina más rápida no se amortiza; con dos mil, cada minuto de ciclo se multiplica por dos mil.
3. ¿Con qué material, y quién decide ese material?
Si trabajas con aleaciones de catálogo, casi cualquier máquina sirve. Si tu negocio pasa por cualificar un material propio, o por un material que hoy no existe en ninguna lista, esta pregunta se convierte en la más importante de las doce y reaparece en la número 7.
4. ¿Qué tolerancia y qué acabado pide el plano?
Si la respuesta incluye superficies mecanizadas después, la precisión bruta de la máquina importa menos de lo que parece. Si la pieza tiene que salir lista, importa muchísimo, y conviene desconfiar: una pieza LPBF no sale con tolerancia de mecanizado, la saque quien la saque.
Después, la instalación
5. ¿Dónde va a estar, y qué hay ya en ese sitio?
Aquí aparecen los costes que nadie cotiza. Corriente disponible y tipo de acometida. Espacio para abrir la máquina, no solo para ponerla. Extracción. Suministro de argón o nitrógeno, y si va a ser botella o depósito. Y si el hueco donde va a entrar tiene puerta suficiente, que se ha visto de todo.
Una máquina que funciona con 230 V monofásica y entra por una puerta normal se instala en un día. Una que pide trifásica dedicada, refrigeración externa y obra, tarda meses y cuesta un dinero que no estaba en la oferta.
6. ¿Quién va a manejarla, y cuánto tiempo puede dedicarle?
Si es una persona a media jornada que además hace otras cosas, la máquina tiene que ser sencilla de arrancar y de limpiar. Si hay un equipo dedicado, se puede asumir más complejidad a cambio de más control. No hay respuesta buena en abstracto.
Y ahora sí, la máquina
7. ¿La parametrización es abierta o cerrada?
La pregunta con más consecuencias a largo plazo, y la que menos se hace. Concretamente: ¿puedes modificar potencia, velocidad de barrido, espesor de capa y estrategia de relleno, guardar el resultado como una receta propia y exportarla?
Si la respuesta es no, quedas atado al catálogo de materiales del fabricante para siempre. Y conviene entender por qué muchos no pueden abrirla aunque quieran: integraron la máquina con componentes de catálogo y el software de laminación y control se lo compraron a un tercero. Quien no ha escrito el código no puede abrir lo que ese código no expone.
8. ¿Te obliga a comprarle el polvo?
El equivalente en consumibles de la pregunta anterior. Un polvo cautivo es un coste recurrente que no se negocia y que crece con tu volumen, justo cuando más te importa. Pregúntalo explícitamente, y pregunta si usar polvo de otro proveedor invalida la garantía.
9. ¿Qué registra, y ese registro sale de la máquina?
Parámetros aplicados, histórico capa a capa, oxígeno, caudal de gas, potencia real. Y la parte que se olvida: si eso se puede exportar en un formato utilizable. Sin registro exportable no se puede cualificar una pieza, porque no hay evidencia que enseñar.
10. ¿Qué pasa cuando algo falla?
Tiempo de respuesta, dónde está el técnico, si hay repuestos críticos en stock y en qué país, y qué se puede resolver en remoto. Una máquina parada tres semanas esperando una pieza de recambio cuesta más que la diferencia de precio entre dos equipos.
Preguntar por la procedencia real de los componentes clave no es chovinismo: determina el plazo de un repuesto.
11. ¿Cuánto cuesta tenerla funcionando un año?
Distinto del precio. Suma consumo eléctrico, gas inerte, filtros, ventanas de protección, consumibles de la manipulación de polvo, calibraciones, contrato de mantenimiento y las horas de la persona que la maneja. En muchas instalaciones esta cifra se acerca al 15-20 % del precio del equipo cada año.
12. Y ahora, la potencia del láser y el volumen.
Al final, no al principio. Porque para entonces ya sabes qué pieza tienes que hacer, cuántas y con qué material, y esas tres cosas ya han acotado casi todo. Más potencia permite ir más rápido o usar capas más gruesas, pero también aporta más energía por unidad de longitud, lo que puede llevarte al régimen de ojo de cerradura y llenar la pieza de poros grandes si la parametrización no acompaña. Más vatios no es mejor: es distinto.
La prueba que vale por las doce
Todo lo anterior se puede fingir en una reunión. Esto no: llevar tu pieza y pedir que la fabriquen.
No una pieza de demostración del fabricante, que está elegida y ajustada. La tuya, con su plano y su tolerancia. Y pedir con ella tres cosas: el fichero de parámetros que usaron, el registro del proceso, y el tiempo real de construcción. La disposición a entregar esas tres cosas te dice más sobre un proveedor que cualquier ficha.
Si además te dejan ver la máquina trabajando con alguien que la usa a diario, mejor. Media hora al lado del operario responde preguntas que no sabías que tenías.
Lo que no deberías usar como criterio
- El número de máquinas instaladas. Dice quién lleva más tiempo vendiendo, no cuál te encaja.
- Los premios y las ferias. Están bien y no fabrican piezas.
- Comparar velocidades de barrido en abstracto. Sin el espesor de capa y la estrategia al lado, un número de metros por segundo no significa nada.
- La densidad «hasta el 99,9 %». Sin decir en qué material, con qué parámetros y con qué método se midió, es una frase, no un dato.
Dónde estamos nosotros
Fabricamos máquinas LPBF, así que esto no es neutral y no vamos a fingir que lo es. Lo que sí podemos hacer es decir en qué preguntas de esa lista somos una buena respuesta y en cuáles no.
Somos buena respuesta en la 5, la 7, la 8 y la 9: las ALBA funcionan con corriente de 230 V y entran por una puerta normal, la parametrización está completamente abierta porque el laminador y el control son nuestros, no obligamos a comprarnos el polvo, y el histórico de proceso se exporta.
No somos la respuesta si tu pieza no cabe en un volumen de 250 × 250 × 300 mm, si necesitas varios láseres trabajando a la vez, o si buscas el parque instalado más grande de Europa. Preferimos decirlo antes que después.
Y si lo que quieres es probar antes de decidir, no hace falta comprar nada: se puede traer una pieza y fabricarla en una de nuestras máquinas.
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Qué hay dentro de una de estas máquinas, en qué es una impresora 3D de metal. Lo que cuesta montar la instalación entera, y las formas de rodearla, en el CAPEX real de entrar en aditiva. Y la comparación entre las dos plataformas, en máquinas.
Y el capítulo que casi nunca aparece en las comparativas —qué gas usa cada material y qué instalación pide— en argón o nitrógeno.
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