Proceso

Cómo se cualifica una pieza fabricada por LPBF (y por qué ahí mueren los proyectos)

· 5 min de lectura · Samylabs

Cualificar una pieza no es conseguir que salga bien. Es demostrar que va a salir bien siempre, y poder enseñarle a alguien la evidencia. Esa distinción es la que separa un proyecto que llega a producción de uno que se queda en la fase de demostración con dos piezas bonitas encima de una mesa.

Y es donde mueren la mayoría, porque el esfuerzo de cualificar suele descubrirse tarde, cuando la parte técnica ya está resuelta y todo el mundo daba el proyecto por hecho.

Los cinco niveles

Cualificar no es una sola cosa. Son cinco capas que se apoyan una en otra, y saltarse una invalida las de arriba.

Nivel Qué se demuestra Qué se congela
1. Material El polvo cumple química, granulometría y limpieza, lote a lote Proveedor, especificación y criterio de reutilización
2. Proceso Los parámetros dan la microestructura y la densidad esperadas Potencia, velocidad, espesor, estrategia, atmósfera
3. Máquina Ese equipo concreto, calibrado, reproduce el resultado Calibración, mantenimiento y plan de verificación
4. Pieza Esa geometría, en esa orientación, cumple el plano Orientación, soportes, post-proceso completo
5. Producción Se repite lote tras lote, con evidencia de cada uno Registro de proceso, controles y trazabilidad

La palabra clave de la columna derecha es congelar. Cualificado significa que a partir de ahí, cualquier cambio en lo congelado obliga a volver a demostrar. Cambiar de proveedor de polvo, mover la pieza de sitio en la plataforma o actualizar el software puede invalidar la cualificación.

Es incómodo y es exactamente lo que da valor al sello.

Por qué en LPBF cuesta más que en mecanizado

En una pieza mecanizada, el material llega ya cualificado en forma de barra, con su certificado. El proceso quita material de algo que ya tenía las propiedades.

En LPBF, el material y la pieza se crean a la vez. La microestructura, y por tanto las propiedades mecánicas, dependen de cómo se fabricó: de la orientación, de la estrategia de barrido, del espesor de capa y del tratamiento térmico. La misma aleación, en la misma máquina, da resultados distintos según cómo se colocó la pieza.

De ahí se siguen tres consecuencias que sorprenden a quien viene del mecanizado:

  • Las propiedades son anisótropas. La pieza no responde igual en la dirección de crecimiento que en el plano. Hay que caracterizar en ambas.
  • La orientación es parte de la especificación. Cambiarla es cambiar el producto.
  • Las probetas tienen que fabricarse con la pieza, en la misma construcción, para que representen algo.

Qué evidencia hay que guardar

Esta es la lista que conviene tener montada desde el primer día, y no cuando el cliente la pida:

  • Del polvo: lote, certificado de análisis, número de ciclos de reutilización.
  • De la construcción: fichero laminado, parámetros aplicados, registro del proceso capa a capa, oxígeno y presión de la cámara.
  • De la máquina: última calibración y mantenimiento.
  • Del post-proceso: ciclo térmico con su gráfica real, no la nominal.
  • De la pieza: dimensional, densidad, y ensayos sobre las probetas de esa misma construcción.

Montar esto después, para una pieza ya fabricada, es imposible. Los datos que no se registraron no existen.

Por qué mueren los proyectos aquí

Cuatro razones, por orden de frecuencia:

Se descubre tarde. El presupuesto y el plazo se hicieron para desarrollar la pieza, no para cualificarla. Cuando aparece el coste real de la cualificación, el proyecto ya no cuadra.

Se pide el nivel equivocado. Se aplica un protocolo de pieza crítica aeronáutica a un soporte que no lo necesita, porque nadie se atrevió a decidir qué nivel bastaba.

La máquina no lo permite. Si el equipo no registra el proceso, o no deja exportar el histórico, o no permite fijar los parámetros de un material propio, no hay forma de congelar nada.

Falta el criterio de aceptación. Cliente y fabricante nunca acordaron qué significa «bien». Sin ese acuerdo escrito antes de empezar, la discusión llega al final y no se cierra nunca.

Cómo lo abordaríamos nosotros

Empezar por el nivel que de verdad hace falta. La mayoría de las piezas industriales —utillaje, repuestos, series cortas, componentes no críticos— se resuelven con los niveles 1, 2 y 5, y se puede llegar en semanas. Los niveles 3 y 4 completos son para piezas donde si falla se cae algo, y ahí el plazo es de meses, con razón.

Escribir el criterio de aceptación antes de fabricar la primera pieza. Es media hora de reunión y es lo que decide si el proyecto acaba o se enquista.

Y registrar desde el primer día, aunque nadie lo haya pedido todavía. Es gratis mientras se fabrica y es imposible después.

Sobre la máquina, tres preguntas que conviene hacer antes de comprarla: si registra el proceso capa a capa, si ese registro se puede exportar, y si se pueden fijar y guardar los parámetros de un material que no sea del catálogo del fabricante. Sin las tres, la cualificación depende de un proveedor.

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Qué se puede medir y corregir mientras la pieza se fabrica, en control en lazo cerrado. Cómo se mide la densidad que hay que demostrar, en porosidad y densidad. Por qué la orientación forma parte de lo que hay que congelar, en anisotropía y orientación. Y por qué el sector entero está trabajando en criterios comunes, en fabricación distribuida y repuestos bajo demanda.

Y si lo que necesitas es la pieza cualificada y no el equipo, eso es exactamente lo que hacemos en fabricación de piezas.

Por qué el gas de proceso también entra en lo que se congela, en argón o nitrógeno.

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