Qué significa desarrollar íntegramente una tecnología LPBF (y por qué casi nadie lo hace)
Samylabs se constituyó a finales de 2016 y es la primera empresa española que ha desarrollado íntegramente toda la tecnología necesaria para la impresión 3D en metal por fusión láser. «Íntegramente» tiene un significado concreto y comprobable: la óptica, el control, la electrónica y el software de laminación son propios. No es una integración de módulos comprados.
Qué se puede integrar y qué hay que resolver
Montar una máquina LPBF a partir de componentes de catálogo es posible. Se compra un láser, un cabezal galvanométrico, una cámara y un controlador, y se ensambla. Lo que no se compra hecho es lo que ocurre entre esas piezas: la sincronización entre el barrido del haz y su potencia, la estrategia de relleno de cada capa, la gestión del flujo de gas que retira las salpicaduras, y la compensación de todo lo que se desvía mientras la construcción avanza.
Ahí es donde una máquina se convierte en una máquina, y ahí es donde la propiedad de la tecnología deja de ser un adorno de folleto.
Qué gana quien compra la máquina
Parámetros abiertos. Si el fabricante escribió el software, puede abrir la parametrización. Si la compró, normalmente no puede. Esto decide si podrás cualificar un material que no esté en la lista del primer día.
Sin polvo cautivo. No hay razón técnica para atar la máquina a un consumible propio, y no lo hacemos.
Un solo interlocutor. Cuando algo falla en una máquina integrada a partir de módulos de terceros, empieza el reparto de responsabilidades entre proveedores. Cuando la tecnología es propia, no hay a quién señalar.
Soberanía industrial. Una capacidad crítica que depende de una licencia extranjera no es una capacidad propia. En defensa, energía y aeronáutica esto ha dejado de ser un argumento abstracto.
De dónde sale, y con quién
El desarrollo se ha sostenido con apoyo de SPRI, la Diputación Foral de Bizkaia y el CDTI —incluida la convocatoria NEOTEC—, y con la colaboración industrial de Ona Electroerosión, que ha llevado nuestras máquinas a ferias internacionales como distribuidor.
Antes de eso, el proyecto fue finalista del programa Bind 4.0 en 2017, entre cincuenta seleccionados de 385 candidaturas internacionales, y uno de los cinco ganadores estatales de la convocatoria OpenMaker en 2018. Cuentan poco por sí solos; cuentan más como cronología de que esto no se improvisó.
La consecuencia práctica
La ALBA 300 nació con una idea: que una pyme pudiera tener impresión 3D en metal profesional sin construir una planta alrededor. Cabe en 730 mm de ancho, funciona con tensión doméstica, solo necesita conexión a gas —argón o nitrógeno— y trabaja con capas de 50 a 60 micras sobre acero inoxidable 316L, acero de herramienta C300 e Inconel 718.
Esa combinación —máquina compacta, tecnología propia, parámetros abiertos— es lo que permite el resto de lo que hacemos hoy: una red de talleres que fabrica bajo demanda con el mismo equipo y los mismos parámetros, y un cotizador que puede estimar el coste de una pieza porque conoce el proceso desde dentro.
—
Dónde se fabrica y por qué importa, en una máquina LPBF fabricada en Europa. Qué significa cerrar el lazo y en qué punto está el nuestro, en control de proceso en lazo cerrado. Y las máquinas donde todo esto acaba, en ALBA 300 y ALBA 500.
Diseño9 de septiembre de 2026
Consolidar un conjunto en una sola pieza: el ahorro que casi nadie cuenta bien
Diseño9 de septiembre de 2026
Tolerancias y acabado: qué se puede pedir en bruto y qué hay que mecanizar
Tecnología6 de septiembre de 2026